Y SE PRONUNCIÓ EL dictador CONTRA EL PROFESOR
Cuando por fin el país parece salir del atolladero mental, fruto de la demagogia disfrazada de seguridad y de democracia, cuando se abre una posibilidad para que el país piense en su recuperación social, pero por sobre todo para que el país recupere su dignidad moral sabiéndose gobernado por un hombre honesto y pulcro, cuando todo esto se conjuga, se pronuncia el dictador. Ha desvirtuado, como en los mejores tiempos en la época de César o del Duce o del Führer –guardando las respectivas proporciones de la grandeza de estos Dictadores frente al cuerpito y a los huesitos ya maltrechos del dictador- a su más claro contrincante en las próximas elecciones, (no sobra recordar que el dictador eleva plegarias a los Santos y clama por un buen Tiempo) aduciendo que el Profesor y Maestro Antanas Mockus no es duro con la guerrillas colombianas. Los medios independientes del país han mostrado como el dictador cae en contradicciones, ya que en 2003 éste condecoraba al entonces Alcalde Mayor de Bogotá, el Profesor Mockus, por sus logros en beneficio de la seguridad de los bogotanos, aduciendo que el Alcalde colaboraba abiertamente con la fuerza pública y que, además, era un buen ejemplo para los colombianos.
El dictador ve hoy, siete años después, como el Profesor Mockus sube y sube en las encuestas, gracias a una propuesta abiertamente democrática y fundada en la dignidad y en la moral públicas, en la honestidad y en el trabajo político que no politiquero, y entonces siente que el poder se le escurre de las manos, que sus Santos quedan rezagados, que sus autodefensas ya no le protegen ni garantizan su protección, ni siquiera contra la Fiebre Pórcina, -como bien lo dijo una fina dama de aquilatados meritos populares-, que la falacia de su supuesta seguridad democrática ya no necesitará de Falsos Positivos, en donde humildes campesinos de la Costa Caribe o humildes estudiantes de Soacha eran disfrazados de guerrilleros, asesinados y mostrados como la escoria de la sociedad –no sobra recordar tampoco que esto sucedió siendo don Santos ministro de guerra-, que el presupuesto de la salud o de educación ya no terminará en las cuentas de generales y almirantes corruptos, o que sus conmilitones de las Autodefensas ya no llegarán a legislar desde el Congreso de la República, ni que primos y parientes podrán ser ubicados en las Notarias de la Respùblica, dando fe publica de una corruptela atroz.
El dictador se ha pronunciado. Pero parece que ya nadie tiembla. Parece que a él le llegó su propio Brutus, que no es más que el ahogo que le produce su propia bilis de sus remordimientos y de sus ansias guerreras no satisfechas. Ha dicho que no cree en quien se abroga la moral y la dignidad políticas, como si decir que ser honesto y moral fuese un delito – en tiempos de ruido, todo clamor es sospecha -, el dictador se creyó durante ocho años el epítome de la dignidad y la eficiencia, sin embargo sus ministros cuestionados, sus congresistas presos, sus conmilitones extraditados, así como las escuelas sin recursos y la salud enfrentando una reforma en donde enfermarse vuelve a ser delito, muestran que durante ocho años vivimos engañados por el dictador. Le duele no ser él el más digno, el más honesto, cuando precisamente el mismo día que criticaba al Profesor Mockus la CIDH de la OEA ubica a Colombia, junto con Cuba y Venezuela, como el país donde más se desconocen los derechos humanos, donde se coarta la libertad de expresión y en donde por mandato Presidencial se acallan las voces de sus disidentes. Cuando la verdad es que su ministril batracio desde el Ministerio del Robo Interior y de la Injusticia ha acomodado todo para que los lugartenientes del dictador sean favorecidos a toda costa, un solo ejemplo basta para ilustrar al hoy desengañado lector: más de un corrupto parapolìtico fue condenado a cinco años, purgó tres y está libre, mientras que un adolescente en un juego de la realidad virtual, por supuestamente alentar, desde una red social, a amenazar la vida de los hijos del Presidente -los hoy multimillonarios Tom y Jerry, quienes ejercieron sus influencias de hijos de dictador para que se declararan las pobres tierras de un municipio agrícola como de Zona Franca, y quienes compiten, en clara condiciones de desigualdad, con los recicladores (cuando hablo de desigualdad me refiero a la cima en dignidad y honestidad de los segundos frente a la sima de los primeros) de la ciudad capital – debió dejar sus estudios y someter a toda su familia al escarnio público, para poder defenderse de la fuerza brutal de un poder despótico y amañado, en un Estado para nada igualitario, pudiendo, posiblemente, enfrentar una dura condena por más de cuatro años por un supuesto intento de homicidio, cuando a los parapolìticos el país les reconoce ser autores intelectuales, cuando no materiales, de miles y miles de asesinatos selectivos a inocentes campesinos, trabajadores colombianos.
El dictador se ha pronunciado contra el Profesor. Lo bueno es que ya no le tememos al dictador, pero lo mejor es que ya no le creemos. Y lo excelente es que el país se prepara a votar por la moral y la dignidad del Profesor.
J. MAURICIO CHAVES BUSTOS
Bogotá, abril 15 de 2010.
Firmo este escrito con la convicción de que a los organismo de Justicia y de Seguridad del Estado no les quede tiempo de condenarme o de perseguirme, mientras preparan sus defensas por chuzadas o por falsos positivos o por excesivo uso del poder. Además, porque soy un convencido del derecho de opinión en un Estado que, pese a la falacia de la seguridad democrática, sigue siendo Social y de Derecho.
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